Elegir donde comer fuera del hogar en la era del foodvenience*
Hace unos días, los medios de todo tipo, de un conocido representante de la hostelería barcelonesa criticando la creciente presencia de Mercadona en el ámbito de la comida preparada y el consumo inmediato.
La noticia generó titulares. Como suele ocurrir, era más fácil personalizar el debate en la decisión del equipo de Juan Roig que intentar comprender qué está ocurriendo realmente en el mercado.
Sin embargo, me temo que Mercadona no es el problema. Y tampoco la solución.
Lo que estamos viviendo es algo mucho más profundo: una batalla silenciosa por la cuota de estómago del consumidor.
Durante décadas las fronteras eran claras. La industria fabricaba alimentos. La distribución los vendía. Los restaurantes daban de comer. Cada uno ocupaba su espacio y conocía perfectamente sus límites. Hoy esas fronteras prácticamente han desaparecido.
Un plato preparado de supermercado, una ensalada adquirida en una estación de servicio, una pizza entregada por una plataforma digital, una bandeja refrigerada premium o un menú de restaurante compiten por resolver exactamente la misma necesidad: alimentar a una persona en un momento concreto.
No compiten canales.Compiten soluciones.AECOC recientemente, ha bautizado este fenómeno con un término tan discutible como revelador: foodvenience. La unión entre alimentación y conveniencia. Un concepto , antaño interpretado de forma diferente pero que ahora refleja cómo los consumidores organizan cada vez menos sus decisiones por establecimientos y cada vez más por situaciones de consumo.
La pregunta ya no es dónde comprar.La pregunta es quién resuelve mejor mi comida de hoy.Y ahí aparecen las verdaderas razones del cambio.
Tenemos más hogares unipersonales, una población más envejecida, menos tiempo disponible para cocinar, una mayor improvisación en las comidas y una creciente necesidad de soluciones rápidas y accesibles.
No es Mercadona quien ha creado esta realidad.Simplemente ha decidido aprovecharla.
Por eso resulta simplista afirmar que los mal llamados “mercarestaurantes” representan una amenaza existencial para la hostelería.
En primer lugar porque, salvo contadas excepciones, el retail no está ofreciendo una experiencia gastronómica comparable a la de un buen restaurante.Lo que ofrece es funcionalidad.Y eso es muy distinto.
La verdadera pregunta es otra: ¿por qué una parte creciente de la población encuentra más atractiva una solución funcional de ocho euros que un menú del día que supera ampliamente los quince?La respuesta no siempre resulta cómoda.
Parte de la hostelería ha sabido adaptarse. Se ha especializado, ha profesionalizado su gestión, ha incorporado tecnología, ha mejorado procesos y ha entendido que el cliente busca algo más que comida.Pero otra parte continúa funcionando con modelos cada vez más difíciles de sostener.
No son pocos los negocios que sobreviven esperando un traspaso milagroso, una afluencia turística permanente o una rentabilidad que ya no se corresponde con la realidad actual.Y aun, entre quienes gestionan bien sus establecimientos existe una preocupación creciente.
Porque los costes laborales aumentan; atraer profesionales es cada vez más difícil; y la energía, los alquileres y las materias primas, presionan los márgenes ante un consumidor que compara más que nunca.
Muchos empresarios hosteleros saben perfectamente que esto ya no es lo que era.
Mientras tanto, el retail tampoco tiene garantizado el éxito.
Basta recorrer los lineales de platos preparados para comprobar que bajo una misma categoría conviven productos excelentes, productos mediocres y productos francamente decepcionantes.
La conveniencia no garantiza calidad.Ni tampoco precio razonable.Algunas propuestas alcanzan niveles gastronómicos admirables. Otras apenas justifican su existencia. Y muchas convierten la comodidad en un lujo al alcance de unos pocos.
Por su parte, la industria alimentaria observa el fenómeno desde una posición igualmente compleja.Habla de FoodTech, digitalización, automatización e inteligencia artificial. Sin embargo, en demasiadas ocasiones sigue pensando en términos de producto cuando el consumidor ya piensa en términos de solución.
Porque nadie sale de casa deseando comprar un plato x. Lo que desea es resolver una comida.
Y cuanto mejor entienda eso una empresa, mayores posibilidades tendrá de ganar una parte de esa cuota de estómago.
Por eso creemos que el debate está mal planteado.No estamos asistiendo a una guerra entre Mercadona y la hostelería.Estamos asistiendo a una transformación profunda de los hábitos alimentarios:Los consumidores han cambiado.La tecnología ha cambiado.La organización de la vida cotidiana ha cambiado.
La única pregunta relevante es quién será capaz de adaptarse mejor.
Quizá por eso, antes de declarar guerras empresariales o buscar culpables externos, convendría mirar más atentamente al consumidor. Porque al final no decide ni Mercadona, ni los voceros gremiales , ni los fabricantes.
Decide el momento de consumo, con permiso del estómago.
Y cada vez vota con mayor libertad.
(*)Resumen de las opiniones de los redactores de foodstory.es ante las noticias aparecidas en la prensa barcelonesa principalmente

