IA, digitalización… ¿y seguimos llenando las ciudades de furgonetas?
Resulta curioso comprobar cómo la logística presume de Inteligencia Artificial, gemelos digitales, algoritmos predictivos y trazabilidad absoluta… mientras un restaurante continúa recibiendo cinco proveedores distintos en una misma mañana. Los recientes estudios hechos sobre la DUM en importantes ciudades así nos lo hacen saber.
Algo no cuadra.
Si después de invertir millones en tecnología seguimos viendo cuatro, cinco o seis vehículos abasteciendo al mismo establecimiento, quizá el problema no sea tecnológico, sino de modelo.
Y entonces surge la pregunta incómoda.
¿Quién es el verdadero responsable?
¿El restaurador, que continúa fragmentando sus compras porque obtener un rápel aquí, un descuento allí o un regalo del proveedor sigue pesando más que la eficiencia global de su negocio?
¿El fabricante, que históricamente ha tratado a la hostelería como el «hermano pequeño» del food retail, destinándole menos recursos, menos innovación comercial y una organización logística claramente inferior a la dedicada a la gran distribución?
¿O el distribuidor, que durante años ha mantenido estructuras logísticas diseñadas para otro siglo, incorporando tecnología sobre modelos de reparto que apenas han cambiado en su esencia?
Probablemente todos tengan parte de responsabilidad.
Porque la auténtica inteligencia no consiste en saber en qué punto exacto circula una furgoneta gracias a la IA. La auténtica inteligencia consiste en preguntarse por qué esa furgoneta tiene que circular.
Las ciudades pagan las consecuencias de esta falta de coordinación mediante lo que los economistas denominan diseconomías externas: costes que no soporta quien toma las decisiones, sino toda la sociedad. Más congestión, más emisiones, más ruido, más consumo energético, más ocupación del espacio urbano y una productividad colectiva cada vez menor.
La paradoja resulta evidente. Hemos digitalizado la información, pero seguimos sin racionalizar el movimiento físico de las mercancías.
El gran reto de la próxima década no será desarrollar algoritmos más sofisticados. Será conseguir que un restaurante reciba una entrega inteligente en lugar de cinco entregas perfectamente digitalizadas.
Cuando eso ocurra podremos decir que la logística ha evolucionado de verdad. Hasta entonces, conviene ser prudentes antes de confundir transformación digital con transformación logística.

