EL  EVENTO MUNDIAL QUE VACÍÓ   BOLSILLOS

Fútbol, cerveza, restaurantes y millones de consumidores: el primer balance económico del Mundial 2026 apunta a una gigantesca máquina de consumo

Todavía no ha terminado de hacerse la cuenta.

La FIFA acaba de publicar una primera recopilación de datos sobre el Mundial 2026 y advierte que las cifras son todavía preliminares y que se seguirán incorporando nuevos datos y análisis.

Es lógico. Nunca se había organizado un Mundial de estas dimensiones: 104 partidos, 16 ciudades sede, tres países y 39 días de competición.

Pero los primeros números ya permiten entender una cosa: además de ser un acontecimiento deportivo, el Mundial fue una formidable máquina de consumo.

Y el foodservice estuvo en el centro.

Millones de personas y millones de consumiciones

FIFA contabiliza 6.810.966 espectadores en los estadios, con una ocupación media del 99,7 %. Pero el espectáculo no terminó en las gradas.

Los FIFA Fan Festivals recibieron más de nueve millones de visitantes en Norteamérica.

Durante los 39 días del campeonato, dentro de los estadios se vendieron 5.515.118 cervezas, 674.939 hot dogs, 4,62 millones de refrescos y aguas, más de 4,06 millones de productos alimentarios, 597.260 cócteles en lata y 45.872 copas de vino.

Y eso es solamente dentro de los estadios.

El estadio no era el único restaurante

El Mundial creó miles de ocasiones para comer y beber fuera de los estadios.

Los datos de Square, obtenidos a partir de las ventas de pequeños negocios estadounidenses, muestran que durante la fase de grupos los ingresos de bares y cervecerías aumentaron un 8 % respecto a los periodos de referencia. En algunas ciudades sede, el incremento del volumen de transacciones fue todavía mayor: 28 % en Boston, 23 % en Filadelfia, 21,8 % en Seattle y 18,5 % en Nueva York/Nueva Jersey.

El Mundial, por tanto, no solo llenó estadios.

Llenó bares.

Y el dinero empezó a circular

Bank of America ofrece otra perspectiva, basada en las operaciones realizadas con sus tarjetas.

En las ciudades estadounidenses sede, el gasto presencial con tarjetas aumentó aproximadamente un 5 % interanual. Entre los consumidores no locales, el crecimiento alcanzó el 13,5 %.

Y en restaurantes: +6 % de gasto total y +9 % entre los consumidores no locales.

El Mundial no solamente consiguió que los aficionados acudieran a los partidos. Consiguió que gastaran dinero en las ciudades que los recibían.

Nueva York y Nueva Jersey: 346 millones de dólares para comer y beber

El balance de la  mega-zona urbana sitúa en 3.500 millones de dólares el impacto económico generado por el Mundial.

El gasto directo se distribuyó así:

Alojamiento: 653 M$
Food & Beverage: 346 M$
Retail: 264 M$
Transporte: 200 M$
Ocio y entretenimiento: 195 M$

El food & beverage generó además unos 4.500 empleos.

Los 346 millones corresponden únicamente a esta región. No son la cifra del Mundial ni de Estados Unidos: son el resultado económico de una sola zona sede.

La ciudad de la final también comió

En los ocho partidos de Nueva York/Nueva Jersey se contabilizaron 561.832 cervezas, 108.878 hot dogs y 527.795 refrescos y aguas.

En una sola sede, las cervezas vendidas fueron aproximadamente una décima parte de todas las consumidas en los 16 estadios durante todo el campeonato.

La final no fue solamente un acontecimiento deportivo. Fue también una gigantesca ocasión de consumo.

Y todavía faltan las cifras grandes

No tenemos todavía el balance económico definitivo del Mundial.

FIFA lo reconoce expresamente: las cifras que ha publicado son preliminares y seguirá incorporando información.

Las cifras de los estadios solamente representan una parte del negocio. Hay que añadir restaurantes, bares, Fan Festivals, supermercados, transporte, comercio, ocio, hospitality, turismo y el gasto de los aficionados internacionales.

Visa, por ejemplo, ha registrado un aumento de casi el 20 % interanual en las transacciones transfronterizas realizadas en las ciudades sede durante el Mundial.

Es decir, todavía falta bastante por sumar.

La factura del Mundial

Para las ciudades sede, los restaurantes, los bares, los comercios y los operadores de hospitality, los primeros datos son claramente positivos.

Para los aficionados, la historia es otra.

El Mundial ofrecía una experiencia excepcional en un momento excepcional. Y las experiencias excepcionales tienen un precio.

Una cerveza en el estadio. Un hot dog. Una comida antes del partido. Otra después. Un desplazamiento. Un taxi. Una camiseta. Una entrada. Un Fan Festival. Una cena.

Cada uno de esos pequeños gastos parecía razonable por separado.

Sumados durante 39 días y multiplicados por millones de personas, producen cifras extraordinarias.

El Mundial como máquina de consumo

Quizá sea demasiado pronto para saber cuánto dinero nuevo generó realmente el Mundial y cuánto simplemente desplazó el consumo desde unas ciudades hacia otras.

Pero ya sabemos algo.

Durante más de un mes, millones de personas cambiaron sus hábitos: salieron más, viajaron más, comieron más fuera de casa y gastaron más.

Y el foodservice estaba allí para recoger una parte importante de ese gasto.

La FIFA todavía tiene que terminar de contar. Las consultoras todavía tienen que cerrar sus estudios. Los bancos y las compañías de tarjetas seguirán publicando datos.

Las cifras mayores están, probablemente, por llegar.

Pero las primeras ya son suficientemente grandes para contar una historia.

Una historia en la que el Mundial no solamente llenó los estadios.

También consiguió vaciar, poco a poco, los bolsillos de quienes fueron a vivirlo.

Y quizá esa sea una de las mejores maneras de medir el éxito comercial de un acontecimiento deportivo: cuando termina el partido, mirar cuánto dinero ha cambiado de manos.